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03 septiembre, 2009

Pregón de José Chamizo en la Feria Real de Fuente Palmera 2009



Entre Colonos y vecinos de otras poblaciones compatio la velada nuestro Defensor del Pueblo Andaluz, el pasado 18 de Agosto.

Señor Alcalde, ciudadanas y ciudadanos de Fuente Palmera amigos y amigas, ¡Buenas noches!

Quisiera, antes que nada, agradecer la posibilidad que se me ofrece de dirigirme a todos los vecinos y vecinas para pregonar la Feria Real de la Colonia de Fuente Palmera de este verano de 2009.

Cuando meditaba las palabras que iba a ofreceros esta noche caí en la cuenta de que un pregón, ante todo, es el esfuerzo por anunciar algún acontecimiento. Un pregón es el intento de proclamar alguna verdad; quien pregona pretende mostrar una realidad inmediata. En esta ocasión, he de anunciaros unos días de fiesta en los que, sin duda, miraremos al futuro con más esperanza.

Ciudadanos y ciudadanas de esta hermosa vega del Guadalquivir; ciudadanos de todos los núcleos de población que constituyen este municipio: la Ventilla; Ochavillo del Río; Peñalosa; Villalón; La Herrería; Cañada del Rabadán; Fuente Carreteros; El Villar y Los Silillos, donde estuve recientemente. Todos somos ciudadanos del mundo; ése es nuestro nombre que se engrandecerá más en la medida en que seamos consecuentes con su significado profundo: hombres y mujeres con derechos y deberes, que los ejercen participando.

La realidad de la vida cotidiana no nos gusta porque a veces está cargada de demasiadas injusticias, hay que transformarla. Pero esto no es posible sin la participación constructiva y crítica de los hombres y mujeres de este pueblo. Aquí también se espera vuestra respuesta.

Y estoy aquí, precisamente, para pregonar vuestras fiestas que son un ejemplo de participación. Ejemplo que también dais en otros aspectos que hacen referencia a la convivencia de vuestros pueblos.

Habitualmente se dice, se escribe, que la actual Colonia se fundó en 1767 bajo el reinado de Carlos III. Es verdad. Pero no es menos cierto que el origen de Fuente Palmera y de sus núcleos de población es mucho más antiguo. Baste con citar los hallazgos prehistóricos en La Ventilla o los vasos campaniformes de la finca “El Bramadero”. Los pueblos que tiene historia, dicen los entendidos, que dan a las fiestas un sentido ancestral de goce y alegría que une a toda la población.

La fiesta siempre es una forma de afirmar la vida aun en sus contradicciones más profundas. La alegría, la risa, el cante surgen como forma de llamar la atención al futuro con los nudillos de la esperanza más abierta y sincera. Bailar trae ese sentido de la liberación para nuestro cuerpo y nuestra mente, por eso estos días que vais a celebrar tienen que ser "días grandes". No puede haber lugar para la tristeza ni para el agobio: mañana Dios dirá. Un viejo sabio comentó: “Una vida sin fiestas es como un largo camino sin posadas”.

El andaluz, hombre y mujer, sabe lo que pasa a su alrededor pero no decae, lucha sin dejar que la nostalgia sea su propietaria. Cualquier gesto del cante o del baile de nuestra gente tiene la firme intención de detener el tiempo oscuro y abrazar ese mañana prometedor que sin duda ha de llegar.

En estos días de feria, junto a la diversión trepidante, hay momentos en que alguien o algo nos devuelve a la nostalgia: amigos, situaciones inesperadas, o simplemente los recuerdos que se agolpan en el corazón. El niño que llevamos dentro pide paso en su afán de conquistar el espacio perdido.

El pasado vuelve en imágenes, olores y sabores. Recordamos, en ese momento, por ejemplo, la calle donde nacimos. En ella nunca hubo fuentes ni bancos para descansar, pero sí un lugar amplio donde reconocernos y jugar. Las calles de nuestros pueblos siempre tuvieron el campo como prolongación, como lugar donde sentir que éramos, que somos, naturaleza abierta, salvaje y decidida.

Antes no había parques infantiles, el juego éramos nosotros mismos empeñados en crecer. No había, hace años, demasiadas cosas, pero había personas ejemplares que marcharon para no regresar y nos dejaron en el corazón una especie de herida, tal vez la primera, que tarda más tiempo en cicatrizar.

Hoy, a pesar de la fiesta, del color, la luz, y la alegría, es bueno pensar en ellos; decirles que en el fondo seguimos siendo los mismos niños que conocieron, decirles que no hemos perdido la ilusión por conseguir un mundo nuevo.

La tierra en la que vivimos es nuestro primer compromiso:

"Uno es de donde vio la luz primera.

Luz cegadora que en su desazón

impregna paisajes, perfumes y silencios.

Uno es hijo de este instante en que las manos

curtidas cedieron su lugar a la ternura.

Uno, a veces, no es nadie

y la soledad se instala como su única poseedora.

Menos mal que existe la memoria

como rescate enérgico del tiempo pasado.

Uno es de este lugar, de este pueblo, de esta gente,

a pesar de aspirar a un mundo sin fronteras.

Uno es de la pequeña historia cotidiana,

de las calles sin asfalto, sin farolas.

Es hijo del recuerdo hiriente, del dolor,

de la confusión humana.

Uno, de vez en cuando, no es nada.

Tan sólo un proyecto de libertad,

un lamento, una renuncia, una idea."

En este lugar, donde la Naturaleza aún está presente, sentimos cómo todos los seres creados, deben oír la historia que cada uno en su proceso milenario va narrando. Así, la montaña escucha la voz del viento, los árboles se dejan atrapar por el sonido de los animales, éstos siguen el ritmo de la atmósfera y el ser humano, cargado de latidos, va haciendo su camino... La ecología de la mente intenta despertar en las personas su capacidad de escucha. Así se comprende que eliminar una especie significa condenar para siempre al silencio un mensaje que viene del cosmos entero y del mismo Dios.

Vivimos en Andalucía. Somos andaluces.

El andaluz es pura sensibilidad que subsiste en los aromas de los jardines, en los repliegues de la sensualidad, en el natural humanismo y en la humanización de la naturaleza. Lo ha dicho Caballero Bonald. Los sentidos del andaluz de hace cientos de años se habituaron a las mismas percepciones que hoy sigue encontrando en su entorno. Es el ámbito del limonero y la albahaca, del jazmín y de la dama de noche, de todos los sentidos que despierta esta campiña que nos rodea.

Andalucía hace de la fiesta una tregua exultante en los afanes de cada día y que incluso puede vivir buena parte del año preparando esa tregua. El andaluz parece reservar todos los excedentes de su pasión para las fiestas y todas las constantes de su filosofía natural para la vida cotidiana.

Hemos de reconocer que somos diferentes porque nuestra herencia cultural es "otra" y nos hace entender de otra manera la vida. La identidad del pueblo andaluz es el resultado de un proceso milenario que ya nada ni nadie puede destruir.

Pero la principal riqueza de Andalucía son sus gentes que desde su realidad y sus problemas -que los tenemos- sabe ofrecerse al goce y al deleite de sus fiestas. Unos momentos en el año que sirven, como cualquier acontecimiento cíclico, para poner una referencia en el tiempo, pensar en el pasado y atisbar el futuro con serenidad y con esperanza.

Las modas van y vienen con la rapidez de lo caprichoso. En ese contexto se vuelve más importante el hecho de que en Andalucía cada pueblo, cada barrio, conserve sus fiestas cuyos orígenes se pierden en la noche de los tiempos. Estas fiestas anuales son síntoma de confianza y del saber hacer del pueblo andaluz y, por supuesto, de las gentes de esta bonita tierra.

La fiesta es comunicación, y no sólo ruido. Es intimidad también. Es vengarse de la soledad impuesta. Es generosidad, sin trabas, para sonreír, para gustar, para entablar una larga conversación que nunca debió ser interrumpida. La fiesta es una sorprendente forma de participar colectivamente en la vida común, en la de todos.

Es manifestación de un arte vivo y participativo. Arte efímero, que tiene como protagonistas a muchas personas que derrochan creatividad e imaginación. Una conjunción de elementos cuyo resultado no es otro que el reforzar la identificación de los pueblos entre sí a través de la sensibilidad y ofrecida con generosidad a huéspedes y visitantes.

Fuente Palmera encierra en su Feria Real los ritos de siempre. Pone en júbilo los corazones de tantas personas que quieren una convivencia pacífica y serena.

Queridos vecinos y vecinas: disfrutemos pues de los momentos mágicos del día y de la noche que la fiesta nos propone; porque no hay fiesta más hermosa que la que sabe compartir su alegría con los demás.

Viva Fuente Palmera, viva sus gentes, Viva la fiesta y viva la esperanza.

José Chamizo de la Rubia


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